Sobre la evolución del cerebro ( parte I - Desarrollo )
Cuando me decido a aprender algo (desafortunadamente, rara vez pasa) acumulo tanto que llega a ser molesto. He aquí la primera parte de un post sobre mis recién adquiridos conocimientos, con el objetivo de sacarlos un poco de mi cabeza:
El cerebro humano se constituye de unos 10 o 15 mil millones de células nerviosas (siendo el número de sinapsis, o conexiones entre células nerviosas, mil veces superior). Acopladas a las células nerviosas se encuentran las células gliales, cuyo número es similar al de las células nerviosas que sostienen. Para entender mejor estos números, que pueden resultar desconcertantes, hablemos de las abejas:
Las abejas realizan un conjunto de tareas complejas dentro de la colmena, como construir un panal, alimentarse, limpiar, ventilar, reparar, sellar… además, exhalan un olor hacia otras abejas que puede ser amistoso o no, son capaces de apreciar el ángulo del Sol, detectan colores entre el ultravioleta y el amarillo, estiman el peso del polen que llevan y saben la hora del día con un rango de 30 min de error. Por si fuera poco, las abejas son capaces de señalar el camino que han recorrido, guiadas por la iluminación del cielo, los accidentes geográficos y los olores, pueden medir las frecuencias de los movimientos de danza de otras abejas y por ello saber la distancia al suministro de alimentos, reconocer los sonidos característicos de otras abejas, reconocer enemigos… y algunas otras cosas impresionantes.
Pues, con todas estas notables características, la abeja posee aproximadamente 7 mil células nerviosas, 2 millones de veces menos células que el cerebro humano.
El cerebro del hombre es ligeramente más pesado que el de la mujer, sin embargo, con relación al peso corporal, el de las mujeres representa un 2,5% de su peso, frente al del hombre, que representa un 2%.
Las capacidades del cerebro humano causan controversias. Un cerebro puede mostrar poca inteligencia: tomar un autobús, llegar al trabajo, realizar tareas repetitivas, volver a casa, alimentarse y dormir; cualquier animal podría hacer lo mismo. Por otro lado, hay casos como el del músico Hans Von Bulow, que cierta vez, en un viaje de tren, leyó la Sinfonía Irlandesa de Stanford por primera vez, y esa misma noche dirigió la obra sin partitura.
El cerebro humano saltó, en apenas 3 millones de años, de unos 500 centímetros cúbicos, al el tamaño humano de 1400 centímetros cúbicos. Si suponemos que las células cerebrales del hombre primitivo estuvieron tan comprimidas como el cerebro moderno, podemos pensar que en esos años se añadieron unas 150 000 células por generación. Este incremento es modesto si lo miramos desde el punto de vista de la masa, pues se trata de un incremento de sólo 0,015 g por generación.
La adquisición de nuestros 1400g de cerebro está llena de contradicciones, hubo un incremento espectacular que, de haber ocurrido en cualquier otro tejido, habría carecido de importancia. El tamaño de nuestro cerebro es crucial y, sin embargo, algunos individuos cuyo cerebro duplica el tamaño de otros, no son más inteligentes que éstos. Sin embargo, el nuevo tamaño del cerebro debió hallar trabas en una parte menos importante de la anatomía humana: el canal pelviano y su elasticidad. Para la evolución, resultaba relativamente fácil aumentar de manera constante el tamaño de la cabeza fetal, pero a la hora del nacimiento, esto debió constituir un problema creciente. Aún así, poseemos un cerebro más que adecuado para nuestras necesidades y, quizás algún día, él mismo nos ayude a entenderlo.


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