Mary Anne es una niña distinta. Ser distinta no quiere decir ser peor o mejor que los otros niños, sino, simplemente diferente. Hay muchas cosas en el mundo que le gustan a Mary Anne, pero la que más le gusta de todas depende de cómo se sienta en ese momento. También hay algunas cosas que le disgustan e intenta con todas sus fuerzas no pensar en ellas.Mary Anne tiene apenas 10 años, pero es tan alta como si tuviera 14. A veces puede ser tan madura que pareciera que tiene 18, otras veces se comporta como si tuviera 6. Tiene un cabello espeso y rebelde que le gusta arreglar de las formas más extravagantes y una nariz con pecas que revisa cada mañana en el espejo esperando que hayan desaparecido, sin éxito hasta hoy. A Mary Anne le gustaría tener largas pestañas y peculiar nariz, piensa que si tuviera largas pestañas y una nariz fina, prolongada y levemente torcida, sin dudas se daría un aire aristocrático. Sin embargo, debe conformarse con una nariz más bien normal, pestañas cortas y ojos demasiado grandes para su carita ovalada. Sabe bien que su común complexión física no es lo que la hace peculiar y se ha resignado a ello.
A veces, Mary Anne habla de las cosas más espectaculares. Los niños del colegio con frecuencia no quieren jugar con ella, con Mary Anne todos los juegos son demasiado elaborados, les asigna papeles con personalidades extravagantes a los demás y se enfada cuando no pueden interpretarlos con éxito. Interpretar una feliz familia adulta con padres, abuelos, tíos y vecinos le parece a Mary Anne un completo desperdicio de imaginación. Para ella, los juegos de la infancia deberían transcurrir en castillos medievales, bosques encantados, barcos piratas y mundos paralelos... lugares donde cosas como la magia, los dragones, elfos, sirenas y demás seres de leyenda, resultan perfectamente posibles.
Como no consigue hacer amigos, Mary Anne lee libros. Sus libros hablan de lugares extraños y misteriosos, de búsquedas del tesoro y de leyendas del rey Arturo. También lee algunos sobre filosofía y sobre la Revolución Francesa. Se siente profundamente fascinada por el pensamiento de los filósofos griegos e intenta ver el mundo haciéndose preguntas. Ha leído que los niños son verdaderos filósofos que todo lo ponen en duda y se ha propuesto hacer buen uso de su infancia. De igual manera, la conmueven las revoluciones, Mary Anne considera los actos de amor apasionado como algo muy romántico y las revoluciones no son más que actos de amor apasionado. No puede evitar que lágrimas de emoción se asomen a sus ojos al pensar en los jóvenes cuerpos derrotados de los franceses, aunque parezca un pensamiento un tanto raro para una niña de 10 años.
Sin embargo, Mary Anne tiene un libro preferido que lee una y otra vez, aún cuando sabe que está sacrificando el tiempo de leer otros libros. Con cada nueva lectura incorpora detalles para el mundo de sus fantasías y, ha llegado a hacerlo tan parte de ella, que puede cerrar los ojos e imaginarse los largos corredores del castillo y las majestuosas escaleras que cambian de lugar, el lago encantado y los inmensos terrenos nevados en Navidad (aunque tampoco haya visto nunca la nieve). En la superficie, se repite a sí misma una y otra vez que es el universo mágico lo que convierte este libro en su favorito, pero en el fondo sabe que lo que más la atrae es que sus personajes son amigos de verdad, capaces de vivir grandes aventuras que lo serían por igual si la magia no existiera.
Mary Anne se va a la cama todos los días a las 10. Cuando se acuesta y cierra los ojos, comienza a soñar, aún despierta, con lo múltiples mundos de su imaginación. Cada noche Mary Anne inventa una historia nueva en algún universo increíble, un nuevo conflicto y nuevos héroes. Cada noche la historia termina de alguna forma mágica y esperada y Mary Anne, agotada, se queda dormida...

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