Caminé por la playa recogiendo caracoles y conchas. Todos son distintos: hay algunos ásperos y otros tan pulidos que te preguntas cómo el mar produjo algo así. Buscaba los más bonitos y completos, descartando todos los demás. Entonces encontré este pedazo de caracol... Estaba roto... y era tan lindo! Me hizo cuestionarme mi manera de seleccionarlos. Por qué siempre buscamos las conchas más completas? Qué hay de malo con las otras? ...Pues eso, que están rotas.. a nadie le gustan las cosas rotas... Me molestó eso. Quizás porque soy rara y eso implica que estoy rota de alguna manera...
Comencé entonces a buscar conchas rotas... hay algo tierno en buscar pedazos parecidos e intentar hacerlos encajar... hay algo tierno en intentar unir lo que el mar separó y trajo roto a la orilla.

Encontré muchas... pero no encajaban; ninguna se acopló perfectamente a la otra. Entonces pensé que tenía sentido, incluso aunque dos de esos pedazos fueran parte de la misma concha original, en el mar tomaron caminos distintos, sus bordes se desgastaron y chocaron contra muchas piedras... pero si yo las recogía, estarían juntas de nuevo...
Fue lindo, las conchas derivaron en una metáfora sobre las cosas que son parte de lo mismo y sin embargo no encajan... y sobre como es lindo ponerlas juntas, porque es así como deben estar... sobre lo feliz que debe sentirse un pedacito de concha que encuentra a otro pedacito de sí misma en la inmensidad de la playa... incluso aunque no encajen perfectamente.
Resultó que al final me gustaron más las conchas rotas... Las completas eran bonitas y contaban una historia sobre deslizarse entre las olas hasta llegar a la playa... Las rotas contaban historias tristes, sobre separarse, sobre no saber, sobre estar incompletas... las rotas contaban miles de historias distintas... y sin embargo terminaban igual... en la posibilidad de encontrar otro pedacito de sí...

También puedes verlo como la metáfora de los cachitos que vamos perdiendo en el camino. Llegamos a la costa, casi siempre fragmentados, especialmente si estuvimos mucho tiempo dando tumbos; lo hermoso es siempre encontrar a alguien que nos aprecie por rotos y degastados. Porque al final, rotos o no, seguimos siendo... ¡uf! me mandé un teque...
ResponderEliminarMe gusto mucho el teque :) Gracias
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